Leucidal: el conservante que elegí (y por qué fue tan difícil encontrarlo)

Leucidal: el conservante que elegí (y por qué fue tan difícil encontrarlo)

Todo lo que lleva agua necesita protegerse

Hay una regla que no tiene excepciones en cosmética: donde hay agua, hay vida. Un sérum, una crema o un bálsamo emulsionado son un ambiente perfecto para bacterias, hongos y levaduras. Sin un conservante, en pocas semanas ese frasco puede tener más microorganismos que una esponja de cocina, aunque se vea y huela normal.

Por eso no existe una crema con agua que sea segura “sin conservantes”. Cuando una marca dice eso de un producto con agua, o lo está ocultando bajo otro nombre o te está vendiendo algo que puede hacerte daño.

Los productos que hago sin agua, como los bálsamos y algunas cremas anhidras, no necesitan conservante porque no hay agua donde los microbios puedan crecer. Pero el sérum, el bálsamo corporal Cosmic Love, la crema de afeitar y el aftershave sí llevan agua. Y ahí empezó una búsqueda larga: encontrar un conservante que protegiera de verdad, sin traicionar lo que prometo en cada etiqueta.

Por qué es tan difícil ser consecuente con los conservantes

Si lees etiquetas de cosmética “natural” con calma, vas a ver un patrón. La parte de adelante habla de plantas, de aceites prensados en frío y de fórmulas limpias. La parte de atrás, en letra pequeña, casi siempre tiene fenoxietanol, parabenos o alguna mezcla sintética que la marca prefiere no explicar.

No es casualidad. Los conservantes sintéticos son baratos, fáciles de usar y funcionan en casi cualquier fórmula. Los naturales son más caros, más delicados y exigen más pruebas. Para una marca pequeña, elegir el camino natural significa pagar más por cada kilo de materia prima y aceptar que no todas las fórmulas van a funcionar a la primera.

También hay mucha confusión con la palabra “natural”. Varios conservantes que aceptan las certificaciones orgánicas, como el ácido benzoico, el ácido sórbico o el alcohol bencílico, existen en la naturaleza, pero los que se usan en cosmética casi siempre se fabrican en laboratorio. Se les llama “idénticos a la naturaleza”. No son malos, pero tampoco son lo que la mayoría imagina cuando lee “conservante natural”.

Y luego están las fórmulas que dicen “sin conservantes” y llevan ingredientes que conservan sin llamarse así: glicoles, fragancias con alcohol o extractos con aditivos. Es legal, pero no es transparente.

Yo tengo una regla clara: en Tauruss no uso fenoxietanol, ni parabenos, ni sales conservantes como el benzoato de sodio o el sorbato de potasio, ni fragancias sintéticas, ni petrolatos. Eso me dejó con muy pocas opciones reales. El Leucidal fue la que cumplió todo lo que necesitaba.

Natural en la etiqueta, sintético en el frasco

Hay un problema más difícil de ver: conservantes que se venden como naturales y que, al analizarlos en laboratorio, traen otra cosa.

El caso más conocido es el extracto de semilla de toronja. Durante años se vendió como un antimicrobiano natural muy potente. En 1999, un grupo de investigadores analizó seis productos comerciales: cinco funcionaban, y los cinco tenían benzetonio, un desinfectante sintético. Algunos también traían triclosán y metilparabeno. El único extracto puro no tenía efecto antimicrobiano. En 2012, una revisión del American Botanical Council concluyó que una parte importante de lo que se vende sigue adulterado (resumen de los estudios).

Con el fermento de rábano pasó algo parecido. En 2015, un estudio publicado en el Journal of Agricultural and Food Chemistry (Li y colegas) encontró sales de didecildimetilamonio, un desinfectante de amonio cuaternario, y ácido salicílico en un fermento de rábano comercial usado como antimicrobiano. Ese tipo de fermento es la base del Leucidal Liquid, una versión distinta a la que uso yo. En Tauruss uso el Leucidal SF Complete, hecho con lactobacilo y coco.

Y hay ingredientes que no están adulterados, pero tampoco son lo que parecen. El alcohol bencílico, presente en muchas mezclas aprobadas para cosmética orgánica, se fabrica en laboratorio y está en la lista europea de alérgenos que deben declararse en la etiqueta. El ácido salicílico, que a veces se presenta como “extracto de sauce”, no está permitido en Europa en productos para menores de 3 años, salvo en champús.

Por eso no basta con que un ingrediente diga “natural”. Hay que preguntar de dónde viene, cómo se fabrica y qué estudios lo respaldan.

Qué es el Leucidal SF Complete

El Leucidal SF Complete es un conservante que nace de la fermentación. Lo desarrolló Active Micro Technologies, un laboratorio que trabaja con bacterias ácido lácticas, las mismas que fermentan el yogur, el kumis o el chucrut.

En la etiqueta lo vas a encontrar con este nombre INCI:

Lactobacillus Ferment, Lactobacillus, Cocos Nucifera (Coconut) Fruit Extract

Es decir: un fermento de lactobacilos, los propios lactobacilos (inactivos) y extracto de fruto de coco. Nada más. Se fabrica usando solo agua como solvente, sin organismos modificados genéticamente y sin procesos químicos agresivos como la etoxilación o la hidrogenación. Cumple con los estándares ECOCERT y COSMOS para cosmética natural y orgánica, según su ficha técnica.

La idea detrás es sencilla y muy antigua. Los lactobacilos llevan miles de años ayudando a conservar alimentos. Este ingrediente aprovecha esa misma defensa y la lleva a la piel.

Cómo funciona, explicado desde la ciencia

Un buen conservante tiene que proteger contra dos frentes: bacterias por un lado, hongos y levaduras por el otro. El Leucidal SF Complete cubre cada frente con una parte distinta de su fórmula.

Contra las bacterias: los péptidos del lactobacilo. Cuando los lactobacilos fermentan, producen unas moléculas pequeñas llamadas bacteriocinas. Son péptidos antimicrobianos, es decir, cadenas cortas de aminoácidos que las bacterias buenas fabrican para defender su espacio frente a otras bacterias. Las bacteriocinas se pegan a la membrana de la bacteria invasora y la perforan, así que la célula pierde su contenido y muere. Durante la fabricación se usa lisozima, una enzima que también está en nuestras lágrimas y en la saliva, para abrir los lactobacilos de forma controlada y liberar la mayor cantidad posible de estos péptidos. Además, la fermentación acidifica el medio, y muchas bacterias dañinas no prosperan en un ambiente ácido.

Contra los hongos: el coco fermentado. Cerca de la mitad del aceite de coco son triglicéridos de cadena media, sobre todo ácido láurico. Al fermentarse, el coco aporta estos ácidos grasos y unos lipopéptidos que desarman la estructura celular de hongos y levaduras.

Lo interesante de este mecanismo es que no funciona como un veneno general. Un estudio publicado en 2024 en Archives of Biochemistry and Biophysics (Wyżga y colegas) analizó el Leucidal Liquid, de la misma familia, y encontró que sus componentes atraviesan con más facilidad las membranas de las bacterias que las de las células de la piel humana. Dicho de otra forma: ataca a los microbios y deja en paz a tus células.

Los números de laboratorio. Según la ficha técnica del fabricante, usado al 4% elimina más del 99,999% de E. coli, Pseudomonas, Staphylococcus aureus, Candida y Aspergillus a los 28 días, en fórmulas con pH de 3, 5 y 7. Esa es la prueba que exige la cosmética para demostrar que un producto se mantiene seguro mientras lo usas.

Por qué lo elegí para Tauruss

Estas son las razones concretas por las que lo uso en los productos que llevan agua:

  • Protege en los dos frentes. Muchos conservantes de origen natural cubren bien las bacterias pero se quedan cortos con los hongos, o al revés. Este combina las dos defensas en un solo ingrediente.
  • Funciona en un rango amplio de pH. Se mantiene activo desde pH 3 hasta pH 8. Eso me deja formular un sérum, una crema de afeitar y un aftershave sin cambiar de conservante en cada uno.
  • Aguanta el calor del proceso. Es estable hasta 70 °C, así que no se daña cuando emulsiono.
  • También cuida la piel. No solo conserva: el fabricante midió que al 2% mejora la hidratación de la piel un 42% a las 24 horas y un 63% después de cuatro semanas.
  • Encaja con todo lo demás que excluyo. Está hecho solo con agua como solvente, sin conservantes ni antioxidantes añadidos dentro del propio ingrediente. No me obliga a meter por la puerta de atrás lo que saqué por la de adelante.
  • Es biodegradable. Pasó la prueba OECD 301B de biodegradabilidad rápida y una de toxicidad acuática. Lo que se va por el desagüe cuando te lavas no se queda acumulado en el agua.
  • Tiene una historia que se puede contar. Fermento, lactobacilo y coco. Es una lista corta que cualquiera puede leer y entender.

No es el conservante más barato ni el más fácil de usar. Pero es el que me permite cumplir lo que prometo en la etiqueta sin hacer trampa.

Suave con la piel, incluso la de un bebé

La piel de un bebé es más delgada, absorbe más y reacciona más rápido que la de un adulto. Por eso, cuando un ingrediente se puede considerar para productos de bebé, es una buena señal para todos los demás.

El Leucidal SF Complete tiene a su favor varias cosas:

  • Su origen es el de los alimentos fermentados. En Estados Unidos está clasificado como GRAS (generalmente reconocido como seguro) por venir de bacterias ácido lácticas, las mismas de los lácteos fermentados.
  • Tiene pruebas de seguridad sobre la piel. El fabricante lo evaluó con pruebas de irritación de piel y ojos, y con dos ensayos de sensibilización (DPRA y OECD 442D), que miden si un ingrediente puede generar alergias por contacto. También pasó una prueba de mutagenicidad.
  • No daña las células de la piel a las dosis de uso. El estudio de 2024 que mencioné arriba encontró que el Leucidal no fue tóxico para fibroblastos ni queratinocitos, las células principales de la piel, en las concentraciones que recomienda el fabricante. Solo apareció daño por encima de esas dosis.
  • No es un alcohol, ni un glicol, ni un ácido fuerte. Muchas reacciones en pieles sensibles vienen de conservantes que resecan o arden. Este actúa de forma selectiva sobre la membrana de los microbios.

Para que tengas contexto: el fenoxietanol, el conservante sintético más usado hoy, está permitido en productos de bebé. En 2016 el comité científico de la Unión Europea (SCCS) lo consideró seguro hasta el 1%, incluso en niños. Pero en 2019 la autoridad sanitaria de Francia (ANSM) exigió una advertencia en los productos sin enjuague que lo contienen: no usarlos en la zona del pañal de niños de 3 años o menos.

Cuando dos autoridades sanitarias no se ponen de acuerdo sobre un ingrediente en la piel de un bebé, yo prefiero no usarlo. El Leucidal no tiene esa discusión encima: viene de la fermentación de alimentos, actúa sobre la membrana de los microbios y no ha mostrado toxicidad para las células de la piel a la dosis de uso.

Por todo eso es una de las opciones que se consideran para cosmética de piel sensible y de bebé. Aun así, ningún ingrediente es seguro por sí solo: lo que importa es la fórmula completa. Cada producto terminado tiene que pasar sus propias pruebas de estabilidad y de eficacia antimicrobiana.

Lo que también tienes que saber

Ser honesta con un ingrediente también es contar sus límites. Estos son los del Leucidal:

  • Es menos potente que un conservante sintético. Necesita una dosis de entre el 2% y el 4%, mucho más que un fenoxietanol, que se usa como máximo al 1%. Eso lo hace más caro por cada frasco.
  • No funciona igual en todas las fórmulas. Algunos ingredientes pueden debilitarlo, así que cada producto se tiene que probar por separado. Que funcione en una crema no garantiza que funcione en otra.
  • Un producto natural dura menos. Una crema con conservante natural no va a durar abierta lo mismo que una de farmacia llena de sintéticos. Por eso importa tanto respetar el tiempo de uso después de abierto.

Y esto es lo que puedes hacer para que tu producto se mantenga bien hasta el final:

  1. Saca la crema con una espátula limpia o con las manos lavadas y secas.
  2. No dejes entrar agua al frasco, por ejemplo en la ducha.
  3. Guárdalo lejos del sol directo y del calor.
  4. Respeta el tiempo de uso después de abierto que indica la etiqueta.
  5. Si notas un cambio de olor, color o textura, no lo uses y escríbeme.

Por eso también prefiero el vidrio y el aluminio: protegen mejor la fórmula y no le ceden nada al producto.

Lo natural cuesta más, y vale la pena explicarlo

Encontrar un conservante que proteja de verdad y que no contradiga lo que dice la etiqueta no es fácil. La mayoría de marcas resuelve el problema por el camino más barato y lo esconde en la letra pequeña. Yo prefiero mostrarte la lista completa y explicarte qué hace cada cosa.

Si usas el sérum, el bálsamo Cosmic Love, la crema de afeitar o el aftershave, ya sabes qué los protege de los microbios: un fermento de lactobacilo y coco.

Si tienes preguntas sobre este o cualquier otro ingrediente, escríbeme por WhatsApp o déjame un comentario aquí abajo. Y si quieres revisar los ingredientes de cada producto, los encuentras en la tienda.


Fuentes

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